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Honestidad

Enviado por Jorge Oscar el 08/11/2007 a las 01:03 PM
¿Cuánto vale la Honestidad?

 

Marcelo Vásquez. Periodista y docente de Santo Tomás y UVM

 

Resulta interesante ver como el ordenamiento político de nuestro país, se moviliza desde la inmovilidad. Claro, es un cambio de actores para un escenario que se mantiene preocupantemente invariable. También es interesante ver como dentro del conglomerado oficialista, vuelven algunos actores democratacristianas como los “salvadores” del mal periodo por que atraviesa el gobierno de doña Michelle Bachelet y que, a mismo tiempo, evitan la izquierdización de los gobiernos concertacionistas, que había comenzado con Lagos. ¿Alguien ha pensado que tal vez se necesiten nuevos actores que llenen el vacío que, con tanta propiedad ha construido nuestra ineficiente y repetida clase política?
La verdad desde hace rato algo ya no funciona. En nuestro país, cada vez más, las mal entendidas lealtades esconden pasajes de nuestra historia reciente, que algunos prefieren olvidar, pero en quienes nos mantenemos despiertos y alejados de la idiotizante programación televisiva, no podemos olvidar. Nombres emblemáticos de la corrupción, como Carlos Filippi, Víctor Manuel Rebolledo y Patricio Tombolini, dieron paso a otros episodios nefastos de corrupción, como fueron las denuncias por irregularidades en el Ministerio de Obras Públicas y sus contratos con la empresa Gate, para seguir luego con el pago de sobresueldos a los ministros y a partidos políticos, y una interminable lista de sucesos que se suceden uno tras otro.
Más cercanos están los casos de “Chiledeportes”, planes de empleo (PGE) y la rebuscada justificación de inocencia de don Guido Girardi en sus contratos con Publicam. Sobre este último, la gente olvida que no es el primer problema que tiene Girardi en este ámbito, porque hay que recordar en pleno período de campaña el año 2002, el jefe de gabinete de su campaña, Ricardo Farías, entregó en Correos las cartas con propaganda y solicitó que se cobrar la cuenta a la presidenta de la Cámara de Diputados. Por otro lado, la única “alternativa” visible es una partido comunista que lucha por los derechos humanos olvidando que su ideología simplemente jamás los ha respetado. 
En este escenario invariable y sin opciones, es interesante ver como el discurso oficialista se repite desde hace 5 años de la misma manera: “la alarma de corrupción generada ha sido sana, porque nos ha permitido a todos a reaccionar, rechazar, denunciar, sancionar y proponer medidas futuras que nos salven de enfermar con este mal que ha destruido tantos sistemas políticos en América Latina”. Lo realmente preocupante, es escuchar cada vez que existe un episodio de corrupción, el mismo discurso y las sanciones no pasan de ser morales y en el peor de los casos los involucrados desaparecen de la opinión pública y de la arena política sin ninguna explicación y sin dejar  rastro alguno. 
Los casos de corrupción son reiterativos y se suceden a veces tan rápido que también los olvidamos rápido. Sin temor digo que la democracia no ha cumplido las expectativas que sembró, pero en países como el nuestro eso no importa, porque todo es desechable y se olvida pronto. La gran masa votante disfruta su ignorancia y simplemente, ya no quiere oír más. Acepta de mala manera que este es el país que le tocó vivir y que las opciones que existen no difieren mayormente una de otra. Creo que el trabajo de manipulación de la masa, ha sido tan notable para mantener este “status quo”, que el país vive y está pendiente de lo que hace el “Chupete” o con quien sale el “Pini”, todo lo demás no importa.
Me he preguntado bastante seguido ¿cuánto en este país vale la honestidad? La respuesta es simple, a nadie le importa, porque nadie la requiere. Se acusa a diario al empresariado de explotación y de abuso de los trabajadores y resulta que son algunos de los autoproclamados defensores de la gente quienes también son empresarios y abusan desde su posición para seguir callando a los sin voz y quitándoles el poco dinero que les corresponde. En Argentina hace poco escuchábamos los gritos de la gente resonar fuerte en las calles “¡qué se vayan todos!”, en relación al repudio hace la clase política de ese país. En Chile, debemos clamar con fuerza para que sean los buenos políticos quienes denuncien las irregularidades de sus opositores y principalmente de sus propios pares, pues descansan mucho en las investigaciones de prensa y muchas veces prefieren no meterse en problemas por las mal entendidas lealtades políticas.

 

Este articulo, realmente da mucho que pensar, ver la triste realidad de nuestra sociedad, y me pregunto ¿Qué hacemos nosotros para remediar esto? ¿Cómo recuperamos ese principio tan sencillo y tan fuerte como es la HONESTIDAD? Creo que es tiempo de sacarnos esa fea actitud de indiferencia de nuestros hombros y conciencia, ya es hora de producir un cambio desde la base de la comunidad, hay mucha gente joven que debe privilegiar sus ideas por una sociedad mas transparente y justa, mas honesta con sus ciudadanos y sus entes que los rigen. Es hora de cambios radicales, con respeto a las personas y a los principios que nos deben regir para tener una sociedad mas sana y justa. La palabra la tienen los jóvenes hoy en día, no pueden evadir su responsabilidad para con la sociedad, deben actuar e incorporarse a la vida política de nuestro país.

Meditenlo.

 


Excelente

Enviado por el 09/11/2007 a las 12:56 PM
John Parada
Excelente Nogales!. El 17 estaremos por allá la Directiva Regional. Un abrazo,






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